Es común ver actitudes y escuchar comentarios de padres refiriéndose a sus hijos en los que percibimos que los padres se consideran “dueños” de sus hijos. Si tú eres el dueño de algo, tienes el derecho de disponer de esa posesión como te plazca. Nosotros decidimos en un plano espiritual los detalles de esta vida y de todas nuestras vidas. Lo mismo aplica para nuestros hijos. Ellos decidieron los detalles de esta vida, incluyendo los padres que tendrían. Ellos nos escogieron a nosotros y nosotros estuvimos de acuerdo. Es un acuerdo que se hace en el plano espiritual.
No somos sus dueños, somos solo los encargados de su sustento hasta que pueden valerse por si mismos y desde luego que somos responsables de hacerles recordar los valores del amor, la bondad, la generosidad que ellos ya tienen en el corazón. Algunos hijos son muy fáciles de educar pues pareciera que nacen sabiendo respetar a los demás. Y así es, lo recuerdan de otras vidas. Otros son difíciles de educar porque no lo recuerdan tan fácilmente o bien no han logrado aprenderlo en vidas previas y nos escogieron a nosotros para que les ayudemos a aprenderlo.
Somos los maestros temporales de un ser que al igual que nosotros un día se separó de Dios para vivir la gran aventura de creación y aprendizaje y anhela un día regresar a Él.
Algunas parejas no pueden tener hijos biológicos y entonces adoptan un hijo. Ese hijo también nos escogió como padres y la imposibilidad de tener hijos es parte del plan que nosotros aceptamos en el plano espiritual. Un hijo adoptivo tiene exactamente la misma categoría de hijo que uno biológico.
La relación padre-hijo es un acuerdo entre almas y las almas valen lo mismo. En adelante no veamos a nuestro hijo como un pequeño que no sabe lo que nosotros sabemos. Veámoslo como un ser con grandeza igual a la nuestra e incluso puede ser que tu hijo tenga una historia espiritual más larga que la tuya. Llegará el momento que seas tú el que aprenda de él. Los padres que sienten que deben estar siempre por encima de sus hijos deben cambiar este concepto y con humildad dar a sus hijos lo mejor que tienen material y espiritualmente y estar atentos a aprender de ese ser que nos pidió en otro plano crecer bajo nuestro cuidado.
A tu hijo un día, cuando tenga la madurez para entenderlo deberás decirle:
Gracias por haberme escogido como tu padre
Gracias por haberme escogido como tu madre